La Cruz de Mayo en Feria

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Cruz de mayo (foto jjferia)

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EL CULTO AL ÁRBOL Y LA CRUZ DE MAYO

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Cruz de mayo (foto jjferia)

Las antiguas fiestas paganas anteriores a la civilización cristiana giraban frecuentemente en torno a acontecimientos de la naturaleza y de los cambios estacionales. Fiestas que, con la expansión del cristianismo, fueron asimiladas y despaganizadas por la doctrina dominante. Así el ritual del fuego y del agua de ascendencia prehistórica y la recogida de hierbas: trébol, verbena, albahaca, mejorana, valeriana, madreselva, romero, tomillo, hierbabuena, hierbaluisa… con fines mágicos, afrodisíacos o medicinales, coincidiendo con el solsticio de verano, fueron cristianizadas, al superponerse sobre estos ritos arcaicos la celebración de la festividad de san Juan Bautista. Ritos que sobreviven y conviven en las hogueras de la noche de san Juan, alrededor de las cuales hombres y mujeres bailan y cantan (”A coger el trébole la noche de san Juan”).

La Virgen de Agosto es otro claro ejemplo de aclimatación de primitivas fiestas paganas a la nueva situación. Deméter, personificación de la tierra, madre nutricia y dispensadora de los frutos del suelo, es el antecedente griego de la romana Ceres, diosa de la vegetación y los cultivos (en honor de la cual se celebraban fiestas en Agosto). A su vez, estas deidades se relacionan con la ancestral Diosa madre o Madre tierra, protectiora de las cosechas, y a las que los campesinos manifestaban su agradecimiento, tras la recolección, con ofrendas florales y de frutos.

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Cruz de mayo (foto jjferia)

En el solsticio de invierno, el ritual giraba en torno a la conservación de la luz mortecina del astro rey. Los días empiezan a alargarse, la luz del dios Sol, sin prisa pero sin pausa, va venciendo a la oscuridad. Este es el remoto origen del culto a Mitra, dios indoirano del sol, la luz y el calor. De origen antiquísimo, fue adorado antes por las tribus arias y los romanos extendieron su culto por todos los rincones del imperio, celebrando su fiesta el 25 de diciembre (Dies Natalis Solis Invicti: Nacimiento del sol invencible). Mitra, dios solar, que creó el cielo y la tierra, nació en una gruta y fue adorado por unos pastores, que derrotó al Demonio y a su aliada las tinieblas, y que, después de realizar numerosos milagros ascendió a su morada celeste. Su doctrina, el mitraísmo, al igual que su vida, guarda un más que sospechoso paralelismo con la doctrina de Cristo. Proclamaba la inmortalidad prometiendo la dicha eterna a los buenos y el castigo perdurable a los malos, se bautizaba al neófito y se consumía pan y vino en un ágape, se rezaba y se consumaban sacrificios. Además el día sagrado del mitraísmo era el domingo (dies solis). El mitraísmo fue un poderoso adversario del cristianismo, pese a sus concomitancias; pero su fiesta fue hábilmente sustituida por la Navidad: Conmemoración del nacimiento de Cristo en una cueva o establo, que con la luz de su gracia viene a salvar a la humanidad de las tinieblas del pecado. De ahí que las fiestas navideñas hayan sido calificadas como de “olla podrida en la que se cocieron los partos de todos los héroes solares”.

Los ejemplos podrían multiplicarse pero, como introducción, creo que los citados son lo suficiente explícitos.

En cuanto a la fiesta de la cruz de mayo, su más claro antecedente hay que buscarlo en el culto al árbol y en general a las formas vegetales. Culto muy extendido entre los antiguos pobladores celtíberos y que todavía persisten en algunas zonas de nuestra pateada piel de toro con los llamados mayos y con las enramadas.

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Cruz de mayo (foto jjferia)

Mayo es el mes primaveral por excelencia, la naturaleza se cubre de sus mejores galas, la vegetación renace y los campos rejuvenecen. Los rituales de las fiestas mayas actuales o recientes están presididas por un árbol que los solteros talan en el monte o bosque cercano para alzarlo en la plaza del pueblo, adornado con cintas, banderines, guirnaldas y diferentes obsequios como galardón al mozo que se atreva a trepar por él y encaramarse en la cima. En torno a este árbol o mayo (elemento fálico que simboliza la fertilidad de la tierra y del hombre) concurren los jóvenes a divertirse con bailes y otros festejos, al mismo tiempo que las chicas cantan al son del pandero:

Todas las mozas
a ti te alaban
por lo derecha,
por lo empinada.

Todas presentes
damos las gracias
a nuestros mozos
por esta maya.

¡Vivan los mozos!
!Viva la maya!

Vítores a Mayo
que te empinaron
pero fue con ayuda
de los casado.

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Cruz de mayo (foto jjferia)

Dando ocasión a fiestas, que siempre acusan algo de orgiástico y de incitación a escarceos amorosos iniciáticos. Con la exuberancia vegetal de mayo se prodigan, asimismo, las enramadas: ramos o guirnaldas vegetales con flores y frutos con las que los mozos decoraban por la noche las puertas y ventanas de sus enamoradas.

Posteriormente el mayo se antropomorfiza, esto es, adquiere figura humana, y en algunas partes el mayo es un mozo cubierto con toda clase de vegetación que recorre las casas del pueblo como presagio de fertilidad y anunciando la felicidad con su presencia; o bien, acompañando a la maya personificada en una muchacha, que se elegía entre las más potables o hermosas mocitas del pueblo, con motivo de las fiestas de mayo.

Pero el cristianismo convertirá poco a poco al mayo en cruz (el día 3 de mayo se conmemora, como sabemos, en el santoral cristiano la Invención de la Santa Cruz), al mes de mayo en mes de María (recordemos el “venid y vamos todos con flores a María…”), y a la Madre de Dios en improvisada Maya cristiana. De esta forma, el culto al árbol sensual e iniciático es sofocado y asimilado por el cristianismo triunfante de consignas más intolerantes al respecto, sustituyéndolo por el árbol de la cruz, santo madero donde murió Cristo, víctima a su vez, de la intolerancia de sus conciudanos.

¡Oh árbol fecundo,
árbol más dichoso
por haber tenido
cuerpo tan hermoso!

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Cruz de mayo

Ya tenemos, pues, al mayo florido y lujurioso, pretexto de jolgorios e incitador de precoces ayuntamientos carnales pues es sabido que la primavera la sangre altera; helo aquí y ahora bautizado, bendecido y santificado.

Cruz bendita de mayo,
resplandeciente,
bendita y alabada
seáis por siempre.

Árbol orgiástico y cruz bendita amalgamados en un maridaje contranatura de difícil digestión. Y al pueblo llano, confundido y alejado de sutiles disquisiciones teológicas, superponiendo y mezclando, consciente o inconscientemente, sus ancestrales ritos paganos de carácter mágico con los religiosos de confesión cristiana. Confusión harto más que disculpable en un pueblo que, a lo largo de su dilatada historia, se ha visto obligado a punta de hacha, espada o misil a dar culto a dioses “verdaderos” de tan variopinta procedencia y catadura: íberos o celtas, romanos o cartagineses, moros o judíos, rusos o americanos; a adorarlos bajo formas tan dispares como la de sol, oro, árbol, agua y toro bravo o manso cordero; y a dirigirse a divinidades con nombres tan distintos y distantes como Melkar, Herakles, Mitra, Júpiter, Allah, Cristo… por no alargar demasiado la lista.

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Cruz de mayo (foto jjferia)

Pero volvamos al asunto que nos ocupa, no sin antes recordar el mito de Afrodita y Adonis, adaptación clásica de otros que se pierden en la noche de los tiempos: Afrodita, diosa de la belleza, el amor y la fertilidad, tras llorar la muerte en invierno de su joven, y apuesto amante Adonis de sobrenatural belleza, espíritu de la vegetación, celebra su resurrección en primavera después de pasar el invierno en el Hades o inframundo. Mitos que siempre están relacionados con el renacer de la naturaleza. Es la consagración de la primavera, aquí y ahora representada por una cruz resplandeciente, ligera y risueña, revestida con un alarde de papel brillante y con la cara lavada y recién pintá de purpurina (Nada de becerros de oro, ni de lujosas vírgenes sevillanas, porque por estos pagos no es del vil metal precisamente de lo que andamos muy sobrados).

Esa cruz de tan escaso valor material, pero que representa y significa tanto para nosotros. Tanto, digo, porque ella es cielo y tierra, madre e hija, novia y hermana, oscuro dios y dios solar, tótem y tabú, becerro de oro e ídolo mitraico, Afrodita y Adonis, virgen cristiana y mocita galana y, en fin, cruz bendita y maya pagana. Esa cruz, crisol y rompeolas de tantos ritos y creencias, es la que cada primavera se pasea por nuestras calles.

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Cruz de mayo (foto jjferia)

Ser en la vida romero

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