La Cruz de Caravaca

176.Rotonda

Otros pueblos, otras cruces: LA CRUZ DE CARAVACA

15.Basílica6
Imagen de la emperatriz Santa Elena en el sanuario de la Vera Cruz (foto jjferia).
147.Subida9
Carroza con la custodia del relicario de la Vera Cruz en la procesión de regreso al santuario del castillo (foto jjferia).

Otros pueblos, otras cruces:

1.Caravaca6
Reproducción de la Cruz de Caravaca en la iluminación de las fiestas de mayo (foto jjferia).

LA  CRUZ  DE  CARAVACA

© Juan-José Becerra Ladera

Santa Cruz, pues sois la pluma
mojada en Sangre de Cristo,
dad vuelo a mis pensamientos
porque alcance el fin que sigo.

El caballero abandona sus dominios santiaguistas en la llamada provincia de León, un maestrazgo herencia del antiguo reino medieval que abarca el territorio más fértil de la Baja Extremadura desde las Vegas del Guadiana hasta la Sierra de Tentudía. Le esperan duras jornadas de viaje hacia la otra provincia de la Orden en tierras castellanas fronterizas con el reino de Valencia y el nazarí de Granada.   [VER MAPAS AQUÍ]

Se ha tenido que emplear a fondo para mantener a raya a los portugueses que, tras su victoria en Aljubarrota frente al débil rey castellano aspirante a la corona lusa, se han envalentonado y no cesan de hostigar y saquear el territorio situado a este lado de la frontera. Para poner coto a tanto desmán, acondicionó a toda prisa derruidos castillos como el de Feria desde donde podía atalayar las correrías portuguesas por la feraz Tierra de Barros. Después de algunas escaramuzas, se impusieron las dotes mediadoras y apaciguadoras de don Lorenzo Suárez de Figueroa, a la sazón Gran Maestre de la Orden de Santiago.

Don Lorenzo Suárez de Figueroa, Maestre de la Orden de Caballería de Santiago (foto jjferia).

Aficionado a las monterías, en momentos de tregua el caballero solía adentrarse con su caballo favorito y las rehalas en persecución de la caza tan abundante por aquellas agrestes sierras, en las que tenía puestos sus ojos. Su aprecio a los caballos y a los perros era proverbial. Con ellos se entretiene cuando se lo permiten sus obligaciones cortesanas de fiel gobernante cercano a la realeza en cuyo entorno goza de merecido prestigio.

Hasta tal punto que, por causa de su probada lealtad a la corona, el monarca le concedería aquellos lugares tan amados de la sierra de Feria y su vega. Núcleo de un señorío que se fue extendiendo como una mancha de aceite y que heredaría su primogénito don Gómez. Sin por esto, dejar con una mano atrás y otra delante a su numerosa prole, a la que se había cuidado de entroncar con los vástagos de los linajes más opulentos de la nobleza.

22b.Muralla1
Emblema heráldico de Don Lorenzo Suarez de Figueroa, Mastre de la Orden de Caballería de Santiago en las murallas del castillo de Caravaca (foto jjferia)

Pero ahora, otras urgencias le obligan a abandonar estas tierras para dirigirse al otro extremo de Castilla. El Rey acababa de morir a causa de una caída de caballo dejando como heredero un niño de once años. El reino hace agua y los nobles ambiciosos aprovechan el río revuelto para medrar a costa de la debilidad de la corona. Coyuntura que también aprovechan los enemigos exteriores para fustigar el reino por todos sus flancos como a un toro malherido.

Para colmo de males, la guerra, la peste y las hambrunas no cesan de azotar a esta torturada sociedad que las sufre en sus carnes como castigo divino por los pecados de los hombres. Por ello, el pueblo llano recurre a las peregrinaciones y a las reliquias sagradas para conjurar el peligro e implorar el perdón de Dios.

Con estas preocupaciones, el caballero con su séquito se dirige a la estratégica villa de Caravaca, avanzadilla de la Orden de Santiago en el extremo sur-oriental del reino. Aragón se la disputa a los castellanos y los musulmanes no cesan de devastar la comarca con sus razzias en las que obtienen cautivos junto a un cuantioso botín.

7.Parroquia6
Iglesia parroquial del Salvador, al fondo el castillo y la Basílica-santuario de la Santa Vera Cruz de Caravaca (foto jjferia)

Como miembro del Consejo de Regencia durante la minoridad del príncipe, el Maestre debe imponer su autoridad y acabar con estos desafueros. Para ello precisa con urgencia hombres y recursos para apuntalar el reino.

Los acontecimientos se irían cumpliendo de acuerdo con sus planes: Aprovecha la complicada situación del antipapa Clemente, encastillado en Aviñón contra el pontífice romano, y su imperiosa necesidad de apoyos para conseguir que el intruso anule la prohibición de disponer del tesoro de la Orden en provecho propio y de su  familia.

Entre otras prebendas, como la absolución de los cruzados que cayeran en defensa de la frontera con el reino nazarí; así como indulgencias para los peregrinos que acudieran a orar y depositar sus piadosas limosnas en la capilla de la Santa Cruz situada en el castillo de Caravaca. Plaza fuerte a la que, como otra Santiago de Compostela, quería convertir en paladín de la fe frente al Islam.

Don Lorenzo llega a la villa de la serranía murciana con un precioso presente a la altura de su dignidad: Una arqueta de plata sobredorada, obra de los mejores orfebres del reino, para alojar y proteger el lignum crucis, la Vera Cruz (o cruz verdadera) que apareció en el alcázar siglos atrás portada por dos ángeles.

Templete-bañadero donde se baña la cruz para bendecir las aguas después del parlamento entre el rey cristiano y el sultán moro (foto jjferia)

Se cuenta que un reyezuelo musulmán tenía presos a un grupo de cristianos entre los que se encontraba un sacerdote. El  rey moro le preguntó que cuál era su oficio; ante la respuesta del cautivo, le invitó a que dijera misa para él. A lo que replicó que necesitaba los ornamentos y utensilios litúrgicos, cosa que ordenó traer de inmediato de donde pudieran conseguirlos. Cuando se dispuso a comenzar la misa, el sacerdote se percató de que faltaba el crucifijo. En este momento descendieron del cielo dos ángeles portando una cruz que depositaron en el altar, con lo que se pudo celebrar la Santa Misa. Ante tal prodigio, el régulo musulmán abrazó la religión cristiana.

Tras la reconquista, la fama de sus milagros se fue extendiendo por doquier como aquella plaga de langosta que asolaba las cosechas. Fue entonces cuando los vecinos llevaron la Cruz en procesión hasta la fuente que abastecía el pueblo. Con el agua bendita rociaron las huertas y los campos. Parece ser que la plaga desapareció enseguida.

De este y de otros muchos portentos estaba al tanto el Gran Maestre de Caballería a su llegada. Así como de la hazaña acaecida cuando los Templarios dominaban aquel territorio: Estando el castillo sitiado por los musulmanes y sin reservas de agua, algunos defensores salieron del recinto y lograron romper el cerco enemigo. Al no hallar fuentes donde llenar sus odres por encontrarse envenenadas, cargaron de vino los caballos y en veloz carrera, rompieron de nuevo el cerco para abastecer a los sitiados que pudieron repeler al enemigo, animados por el vino bendecido con la santa cruz.

Monumento a los caballo del vino en el inicio de la cuesta del castillo donde se desarrolla la carrera durante las fiestas de la Santa Cruz (foto jjferia)

Durante su permanencia, el virtuoso caballero se encarga de inflamar el fervor de sus súbditos y de fomentar las peregrinaciones al santuario de la Vera Cruz. Al tiempo que refuerza las deterioradas defensas de aquel altanero baluarte para mantener al musulmán alejado de aquellas benditas tierras. En los sólidos torreones deja la huella indeleble del escudo de la Orden con las cinco hojas de higuera de su linaje.    [VER MÁS AQUÍ]

* * * * *

Siguiendo los pasos del virtuoso Caballero de Santiago, un humilde peregrino, el más indigno y despreciable de todos los que se han presentado ante la Santísima Cruz de Nuestro Señor Jesucristo, llega hoy a Caravaca de la Cruz, agobiado por el peso de sus muchos pecados. Porque el vicio se aferra a la piel del hombre ruin como garrapata a perro flaco.

El desdichado pecador se postra con el corazón contrito ante la reliquia milagrosa implorando el perdón, con la esperanza de conseguir de la divina misericordia la indulgencia para librarse de las penas que merecidamente le corresponderían. Después de adorar a la Vera Cruz donde murió el Redentor, se humilla ante la imagen de la gloriosa emperatriz Santa Elena, a cuyo tesón y celo se debe tan feliz hallazgo. La santa, peregrina ella a Jerusalén al encuentro de la cruz de Cristo, le dirige una tierna mirada llena de consuelo y comprensión.

Al fin reconfortado y aliviado de su carga, recorre la basílica y hace una visita al museo. Donde algo llama poderosamente su atención, se trata de un objeto que creía perdido para siempre en la niebla de la historia o, quizá, de la leyenda dorada. Pero no; allí está, con toda su real y diáfana claridad que deslumbra y atrae como un imán la mirada atónita del penitente, que se queda fascinado ante aquella preciosa alhaja.

178.Fin1
Don Lorenzo Suárez de Figueroa mandó hacer esta caja para la denominada Vera Cruz de Caravaca. Se expone en el museo (foto jjferia)

Se trata de una pequeña arqueta de plata sobredorada y esmaltada que hasta hace poco servía de estuche para guardar el relicario de la Vera Cruz. En ella está grabada la cruz de doble brazo de Caravaca (la primera representación conocida), junto con los escudos de la Orden (cruz de Santiago) y el de su Maestre don Lorenzo con las cinco hojas de higueras. El peregrino puede leer una inscripción lateral en latín que le confirma su sospecha: DÓMINE LAURENTI ÇUARII DE FIGUEROA INRETAVI CRUCE TECAM PRECEPII VERII NOTUM (Don Lorenzo Suárez de Figueroa mandó hacer esta caja para la denominada Vera Cruz).

Una cajita que pasa inadvertida para los ilustres visitantes del museo de la Basílica, pero que el pobre vagabundo considera el objeto más valioso de todos los allí expuestos: No solo por su valor material sino principalmente por su antigüedad e interés histórico. Allí casi olvidado entre el cúmulo de cruces de Caravaca procedentes de todos los rincones de la Cristiandad y otros oropeles acumulados por los siglos. Así como el cuadro con la escena de la misa de la aparición de la cruz.

Ante el que escucha atentamente cómo explican a otros visitantes la historia de la Cruz desde su milagrosa aparición. Un prodigioso relato con un fatal desenlace. Un desastre aún no solventado aunque sí, en parte, reparado:

«Cuando una mañana de febrero de 1934 se descubrió el sagrario abierto y sin la reliquia, el robo sacrílego dejó consternada a la población. Los ladrones (o lo que fueran) habían dejado la caja-estuche del siglo XIV en donde se guardaba la cruz-relicario. Las pesquisas no dieron ningún resultado. Poco después comenzó la guerra civil; el castillo y el santuario quedaron en estado de abandono después de ser usados como cárcel. La parroquia conseguiría hacerse con dos astillas de la Vera Cruz que se encuentra en Roma y, tras la restauración del castillo, la reliquia alojada en un nuevo relicario con la forma de cruz de dos brazos fue de nuevo entronizada en su Basílica. Los festejos en honor de la Santa Cruz continuaron celebrándose cada vez con mayor esplendor y solemnidad».

27.Cabalgata4
La cabalgata de gigantes y cabezudos desfilando al ritmo de la dulzaina y el tamboril marca el principio de la fiesta de mayo (foto jjferia)

El extraño forastero ha llegado a la ciudad a principio del mes de mayo, precisamente cuando comienzan las fiestas en honor de la Santísima Vera Cruz. Una cabalgata de gigantes y cabezudos, danzando al ritmo de la dulzaina y el tambor, le da la bienvenida y le muestra el escenario donde a lo largo de varias jornadas revivirán las gestas más importantes del pasado de la villa.

El peregrino se dirige a la basílica de la Santa Cruz que se alza en lo más alto de un cerro cercada de imponentes murallas. Al resguardo se apiña el pueblo medieval de calles tortuosas y empinadas, trasformado ya en una pequeña ciudad que se expande en la llanada por una recta y moderna avenida.

Desde el castillo contempla a vista de pájaro el pueblo blanco, cuando ve acercarse a las autoridades y hermanos cofrades llevando ramilletes para la ofrenda floral. El relicario sale al recinto exterior para presidir la misa que se celebra frente a la fachada del santuario. Con las flores ofrecidas se va formando una gran cruz de dos brazos. La fiesta ha comenzado.

Por la tarde presencia el concurso de caballos a pelo en el que cada mozo exhibe sus dotes y habilidades ante el gentío que abarrota los balcones y la plazoleta del Hoyo. Animales que van a ser una de los estrellas de la fiesta. Sobre todo al día siguiente.

47.Caballos3
Uno de los caballos del vino primorosamente enjaezado descansando en la explanada del castillo después de la carrera (foto jjferia)

El día dos, ya de madrugada los cuadrúpedos son aseados y enjaezados con esmero para asistir con sus cuadrillas y con los grupos de moros y cristianos a la misa de la aparición que se celebra en la Plaza del Templete. Liturgia que rememora la legendaria llegada de la Santa Cruz portada por dos ángeles, según relatan antiguos romances:

Alzan los ojos, y ven
dos lucientes Paraninfos,
que traían una Cruz
con el respecto debido.

Al concluir el acto, caballos y caballistas seguidos por los bandos de moros y cristianos enfilan por la Gran Vía hasta la cuesta del castillo. Una muchedumbre se agolpa en la falda del cerro junto el lienzo exterior de las murallas a la espera del gran espectáculo: La carrera de los caballos del vino.

Previamente hay que cumplir con el ritual: El baño del vino y bendición de las flores en el Santuario. El sacerdote introduce la cruz en un recipiente para esparcir con el bendito líquido las flores de la bandeja que ofrenda el alcalde en nombre de la ciudad.

Ahora puede comenzar la mítica carrera: Cada animal flanqueado por cuatro caballistas se lanza cuesta arriba con la velocidad del viento por la pendiente que termina justo en la puerta de la fortaleza. En la ladera, la gente se agolpa para contemplar el espectáculo. Ni tan siquiera cabe un alfiler; sin embargo, al paso vertiginoso de los contendientes, a intervalos de tres o cuatro minutos, la masa se aparta dejando un pasillo como si fuera el corte producido por el mandoble de una cimitarra. La vigorosa competición se desarrollará durante toda la mañana. Al final de la contienda, los caballos con su cuadrilla de mozos entrarán en la planicie interior donde los caballos serán agasajados y admirados. Finalmente se proclamará el ganador así como el mejor enjaezado, cometido difícil de dilucidar pues cada caballo luce jaeces bordados con seda, pedrería y canutillo de oro, a cual más refinados.

125.Desfile14
Uno de los grupos del bando moro en la gran parara de Moros y Cristianos desfilando a lo largo de la Gran Vía de Caravaca (foto jjferia)

Tras la tensa e intensísima jornada, el ambiente se relaja. Los protagonistas y galardonados deparan con la concurrencia que repone sus fuerzas en alguno de las cantinas provisionales instaladas en las cercanías del castillo.

Por la tarde los bando moros y cristianos allí congregados se enzarzan en un combate, siendo arrebatada la fortaleza a los cristianos. Terminada la refriega, la reliquia ha de ser bajada en procesión desde la fortaleza-santuario para protegerla en la iglesia parroquial.

El rito de los caballos del vino cede el paso a la Cruz, que abandona el santuario para bajar al encuentro de su pueblo bien amado. Va protegida por los armaos y seguida siempre por las compañías de moros y cristianos que desfilan al ritmo acompasado que marca cada una de sus respectivas bandas de música.

El tres de mayo es una fecha grabada a fuego en la memoria colectiva de los caravaqueños. Los épicos acontecimientos de la víspera son suplantados por la lírica poesía que impregna la jornada. Las campanas llaman la Misa Solemne de la Santísima y Vera Cruz en la Parroquia del Salvador, su morada provisional durante los días de fiesta. Con adoración de la reliquia al finalizar la eucaristía.

Al terminar, los niños se preparan para cuando recojan el relevo sea como caballistas o como componente de los bando de moros y cristianos. Con los atuendos medievales desfilan por el mismo recorrido y con la compostura que lo harán sus mayores.

Por la tarde el pueblo se vuelve a llenar de gente que, llegada de todas partes, no quiere perderse el acto más emotivo y central de la fiesta: La procesión principal de largo recorrido, con el Parlamento y el Baño de la Cruz.

Delante las odaliscas con rítmicos movimientos discurren al son de orientales instrumentos, les siguen sus belicosos grupos de infieles sarracenos celebrando la victoria sobre los cristianos. A continuación son las huestes cristianas, derrotadas pero no vencidas, las que marchan precedidas por doncellas y damas cristianas que cantan loas a la Cruz y danzan en su honor. Destaca la presencia ecuestre de los reyes de ambos bandos con sus respectivas reinas.

96.Procesión11
La Santísima y Vera Cruz de Caravaca en la carroza procesional bajando la Cuesta de la calle de la Cruz hasta el templete (foto jjferia)

A continuación pasa la Santísima Cruz. Ha salido de la parroquia y se desliza por las angostas calles del casco medieval engalanadas para la ocasión. Instalada en su trono dentro de la custodia-ostensorio es trasladada en una fastuosa carroza de plata. Las miradas se dirigen hacia la insignia sagrada que compite en esplendor y magnificencia con el sol de la tarde. El cortejo avanza majestuosamente por la calle de la Cruz. El peregrino se une a la comunidad que acompaña a su excelsa patrona en este día tan señalado. Distintivo que también cuelga del cuello de todos los presentes. La emperatriz Santa Elena precede a la carroza procesional portando el madero santo que rescató del Calvario donde fue crucificado el Salvador y cuya invención o hallazgo se conmemora y celebra en este día.

Al llegar al punto más alto de la calle, el trono se detiene. También se detiene el peregrino que asiste a un espectáculo inenarrable: La calle se precipita cuesta abajo hasta dar en la explanada del Templete o Capilla del Baño que se levanta sobre el  manantial del prodigio. Desde el altozano puede contemplar la gran plaza repleta de gente hasta desbordarse por las bocacalles que confluyen en ella. La tensión de los guerreros se masca en el ambiente. Se oyen cruces de palabras llenas de furia entre el Rey cristiano y el Sultán sarraceno enfrentados desde sus caballos:

CRISTIANO:
―¡Sultán!
Ya nuestros bravos soldados
frente a frente situados,
prestos a la lucha están.
Ya el relinchar de los brutos
y el crujir de las corazas
óyense cual amenazas
de desolación y lutos.
Bien pronto los resplandores
de ese sol que nos alumbra,
convertiránse en penumbra
llena de sangre y horrores…
SULTÁN:
¡Vamos, cristiano, a la lucha!
CRISTIANO:
—Es que la quiero evitar.
Quiero que seamos hermanos,
como tales nos amemos
y solo al Dios adoremos
que adoramos los cristianos.
Que no busques otra luz
del mundo en nuestro camino
que la del faro divino
de mi Santísima Cruz.
SULTÁN:
—Cristiano, no alces el grito,
que para un leño y un mito
no hay ofensa ni hay agravios.
Que es su valor tan menguado
y tan mezquino su precio,
que sólo con mi desprecio
lo encuentro muy bien pagado.
Ya verás, gran general,
dentro de breves momentos
esas cruces y esos cuentos
a donde van a parar.

—Aléjate moro impío.
—Volveré, perro cristiano…
—No volverás, africano, lo juro por el Dios mío.
—Guerra a muerte el moro grita.
—Guerra a muerte sarraceno.
—¡Viva nuestro Alá agareno!
—¡Viva nuestra Cruz bendita!

¡¡¡VIVA!!!                               [VER PARLAMANTO COMPLETO AQUÍ]

60.Reyes6
Los Reyes Cristianos subiendo hacia el castillo-fortaleza donde se encuentra el Santuario dominando la ciudad de Caravaca (foto jjferia)

Tras el grito, que resuena en todo el pueblo como un clamor salido del alma colectiva de la muchedumbre, se entabla la batalla que se salda con la aplastante victoria de los cristianos gracias al auxilio de la Vera Cruz. En este momento empieza a bajar la cuesta hasta llegar al Templete, donde se efectúa el ritual del Baño de la Cruz: El celebrante  introduce el relicario en el manantial por los seis arcos bendiciendo las aguas como se hiciera antaño en lo que fue la acequia que abastecía a la ciudad y sus huertas.

Hasta hoy día se conserva
este tesoro divino,
y a los tres días de mayo
bañan la cruz en un río.
Va gente de todo el mundo,
por coger en vasos limpios
del agua santificada,
para enfermos y afligidos.

Carro procesional de la Santísima y Vera Cruz de Caravca a su paso por la Gran Vía de la Ciudad murciana (foto jjferia)

La procesión reanuda la marcha pasando por la Corredera hasta llegar a la Gran Vía, donde todos pueden contemplar el paso triunfal de la Cruz milagrosa. Va acompañada por los cofrades y seguida por las cuadrillas de caballistas y por los guerreros contendientes en un colorista y rutilante desfile, del que estas palabras pretenden ser tan solo un pálido reflejo.

A estas alturas la noche se ha echado encima, la Cruz resplandeciente retorna al Salvador, donde permanecerá un día más. Desde lo alto del castillo la basílica iluminada, pero vacía, añora su regreso.

Porque mañana tiene una misión ineludible que cumplir: La visita a los impedidos. Ningún caravaqueño puede quedarse sin adorar a la cruz amada. Por eso será ella la que irá a la casa de cada uno para darle la bendición en la intimidad de su morada. Encuentro conmovedor cuando el enfermo acerca sus labios a la reliquia mientras murmura una plegaria. Solo los familiares congregados son testigos de la cita. Los cofrades esperan en la puerta, hasta que sale el oficiante portando la Cruz que bajo palio continúa la ronda. El tintineo de una campanilla anuncia al transeúnte el paso su Patrona como una vecina más del pueblo.

Un pueblo que parece absorto en su recogimiento. El aire permanece quieto, pero algo se presiente en la atmósfera. Por la tarde el peregrino asiste a otro de los actos más esperados por su espectacularidad: La gran parada que despliega su alarde a lo largo de la rectilínea avenida. El magno desfile de Moros y Cristianos que exhiben toda su parafernalia ante la numerosa concurrencia. Precedidos por el abanderado, cada compañía marcha al son de la banda que sigue tras cada grupo. Aquellos que otrora pelearon por estas disputadas tierras.

109.Desfile1
Mesnada del bando cristiano en la gran parara de Moros y Cristianos desfilando a lo largo de la Gran Vía de Caravaca (foto jjferia)

En primer lugar las mesnadas del bando cristiano: Cruzados de la Vera Cruz, Caballeros de Castilla, de Aragón y de Navarra, Templarios y Almogávares, Caballeros de la Orden de Santiago y de Calatrava, de San Juan y de San Jorge…, cada uno con sus respectivos cortejo de damas, doncellas e infantes. A continuación las kábilas del bando moro: Halcones Negros y Dragones Rojos, Almohades y Almorávides, Tribus rifeñas, Habul Khatar, Jusuf y Alhakem… con su correspondiente comitiva de esclavas y bailarinas entre las que destacan las Odaliscas Nazaríes…

Y al frente de cada Bando, las parejas reales a caballo saludan alborozados mientras recogen y devuelven las flores lanzadas por los espectadores. Pero son los Reyes Castellanos quienes despiertan más simpatía: Fernando III el Santo, conquistador de Caravaca, acompañado por su esposa doña Beatriz de Suabia. Durante varias horas todos los protagonistas de la historia de Caravaca desde los Tiempos Medios discurren por la avenida principal con una vistosidad que amalgama el colorido de las vestimentas y el resonar de los instrumentos, la marcha triunfal de los guerreros con el ritmo sensual de las danzas moras y la elegante galanura de las doncellas cristianas.

El postrer día de la fiesta, la insigne reliquia concluye su asistencia a los enfermos e impedidos con una visita al Hospital Comarcal. El auge alcanzado de los días anteriores cae en picado. La inminencia de la despedida inunda de melancolía al paisanaje y el corazón del peregrino. Este aprovecha el paréntesis para visitar otros monumentos y museos de la ciudad así como los pueblos vecinos de Moratalla y Cehegín.

Hasta que llega el momento del regreso: Desde la parroquia, la Cruz se dispone para retornar a su Santuario. Toda la población aguarda en torno al templo para acompañar a la reliquia hasta el castillo en otra multitudinaria manifestación de religiosidad. El sol se resiste a trasponer las crestas de poniente para besar y despedir con sus últimos rayos a aquella sacra insignia que rivaliza con él en el fulgor de su brillo.

151.Subida11 - copia
Procesión de regreso de la Vera Cruz en su carroza traspasando las murallas antes de llegar a su santuario o basílica (foto jjferia)

La carroza de plata con la custodia toma la dirección del castillo subiendo la pronunciada pendiente. El cortejo avanza a su lado con fervoroso recogimiento portando velas y flores. La cuesta se hace liviana en el rellano de los caballos del vino para acometer el arduo tramo final. Por último, la Cruz de Caravaca rebasa las murallas por el arco en el que campea la Cruz de Santiago. Aquellos imponentes muros, donde el desconocido caminante distingue el blasón de las cinco hojas de higuera de un poderoso Caballero de la Orden que, siglos ha, llegó en peregrinación a este santo lugar. Y cuyo “Vía crucis” (camino de la cruz) ha venido siguiendo.

La suntuosa carroza se detiene frente a la fachada de la Basílica. El pueblo abajo ha quedado desierto. Solo permanecen los enfermos e impedidos aunque su espíritu aletea en estos altos confiados en su curación. Un sacerdote extrae la custodia de la cruz y, exponiéndola bajo palio, se dirige con ella hacia un punto del recinto amurallado. La emoción retenida en los corazones parece a punto de desbordarse. El horizonte está bañado del oro esplendoroso de un sereno y rutilante atardecer.

El peregrino también se contagia del sentimiento y no puede menos que estremecerse ante el espectáculo, más celestial que terrenal, del que tiene la fortuna de participar: El de una Cruz que parece elevarse entre nubes de incienso mientras con ceremoniosa lentitud oscila de arriba abajo y de izquierda a derecha bendiciendo el pueblo que se apiña y despliega a los pies de la fortaleza santiaguista. El relicario se desliza sobre cientos de cabezas para repetir el ritual desde los cuatro puntos cardinales. La bendición de la ciudad y sus campos desde las almenas del castillo es el último episodio de la historia que, al llegar el mes de mayo, se hace presente (re-presenta) en Caravaca de la Cruz.

158.Bendición2
La bendición del pueblo y de los campos desde las almenas de la muralla con la cruz bajo palio es el último ritual de las fiestas (foto jjferia)

Las primeras estrellas titilan en el firmamento. El lucero vespertino brilla radiante en el cielo crepuscular y en los ojos húmedos por la emoción de la concurrencia. Entre vítores ahogados por las lágrimas ya irreprimibles, la Cruz bendita entra en el sagrado recinto. Uno por uno, todos se van arrodillando ante ella para adorarla por última vez. Y es que aquí, la Cruz no solo se venera sino que también se adora, puesto que la sacrosanta reliquia goza del privilegio de ser objeto de adoración o culto de latría que es el que se tributa a Dios y al Santísimo Sacramento.

El penitente los imita. También se arrodilla y renueva ante la Santísima y Vera Cruz su más sincera profesión de fe: «Si hay un hombre que merece ser Dios ese es el que tan injustamente, para redimir a este ingrato pecador, fue torturado y ajusticiado en el sagrado leño», uno de cuyos fragmentos está besando ahora con profundo respeto y veneración. Y en verdad, esta tarde en esta colina se nota la presencia de la divinidad como en el monte Tabor debieron sentirla los tres apóstoles predilectos: !Señor, qué bien se está aquí!

Al salir, el peregrino eleva la vista al cielo: La luna llena ilumina la noche. Antes de recogerse, escucha sobrecogido una detonación tras otra seguida de una lluvia de estrellas. Una flecha de fuego se eleva rauda en la noche desde el altozano, ya sin gente, produciendo un gran estruendo que rebota en las montañas. Es el “trueno gordo” que marca el final de la fiesta. Al apagarse el eco, un silencio aún más sobrecogedor se apodera del ambiente. El final y el comienzo de la siguiente.

176.
La monumental Cruz de Caravaca da la bienvenida a los peregrinos que llegan a la ciudad para postrarse ante la venerable reliquia (foto jjferia)

El vagabundo, acariciado por la brisa del amanecer, se pone de nuevo en marcha para proseguir el itinerario y perseguir su meta:

Este mundo es el camino
para el otro, que es morada
sin pesar.
Más cumple tener buen tino
para andar esta jornada
sin errar.

Antes de abandonar el pueblo, ha tenido que pasar por el Templete del Baño, la Corredera y el monumento a San Juan de la Cruz, un fraile místico y andariego que también pasó por estas tierras. Ante él se ha detenido un instante para encomendarse al santo poeta y peregrino. En las afueras de la población, una cruz colosal despide al caminante, quién se acoge bajo su protección para que le sirva de guía y lo conduzca sin extravío por el camino de la Salvación.

Con la gran Cruz a su espalda y el sendero de frente, el más animoso e ilusionado de los peregrinos va recitando con el santo:

Aquésta me guiaba
más cierto que la luz del mediodía,
adonde me esperaba
quien yo bien me sabía.

© JJBL

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Monumento a San Juan de la Cruz en la Plaza dedicada al santo cerca del convento de los padres carmelitas (foto jjferia)
77.Procesión23
Grupo femenino de la Kábila Abul Khatar desfilando en la procesión (foto jjferia).
  • Pulsar sobre la imagen para activar el carrusel de diapositivas:
Caravaca de la Cruz (Murcia) - foto jjferia
Monumental Cruz de Caravaca en la rotonda de acceso a la Ciudad (foto jjferia).
Caja-estuche de la Cruz del siglo XIV donada por el Maestre de Santiago don Lorenzo Suárez de Figueroa.
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