Una postal navideña

Una postal navideña

Un viaje inesperado: Feria – Ulm – Feria (en dos días y pico). El encargo es categórico: Entregar unas piezas en una fábrica de la ciudad alemana de Ulm a las siete de la madrugada del día siguiente.

Nada o casi nada sabemos sobre esta ciudad y apenas podemos situarla en el mapa. Hemos oído hablar de su catedral,  que está situada a orillas del Danubio entre Stuttgart  y Munich, que fue el lugar de nacimiento de Einstein… y poco más (o nada menos).

La navidad está próxima, el tiempo apremia y nosotros tenemos que llegar a nuestro destino a tiempo.

La majestuosa torre de su catedral sobresale y se divisa desde cualquier parte. Un impresionante monumento que, efectivamente, es el icono e la ciudad, situada en el centro y rodeada de encantadoras casas que conservan su primitivo semblante medieval. Un gran belén decora la céntrica plaza. Con aspecto de postal navideña, la ciudad amanece alfombrada por una capa de nieve. Una intensa nevada nos sorprendió en el camino y ahora con las primeras luces empiezan a vislumbrarse las consecuencias. El frío es helador y tras el largo y laborioso viaje, nos refugiamos en una cafetería-pastelería que nos reconforta con el aroma y la calidez de sus provisiones.

Porque el viaje se fue complicando por las inclemencias meteorológicas. Con la ayuda de un ángel fornido y grandullón, de nacionalidad checa y profesión camionero, que se ofreció a abrirnos paso entre el complicado tráfico y mostrarnos el camino, pudimos llegar a nuestro destino sin grandes sobresaltos a pesar de lo apurado de la situación. Las estrellas brillan con frecuencia en el cielo para indicarnos el camino. Y de paso concedernos un deseo: Feliz Navidad. Y si está nevando, aparecen como ángeles disfrazados de camioneros que iluminan y guían al viajero perdido en la noche invernal lejos de su tierra con su fulgor: Gloria a dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad.

Al llegar a la ciudad intentamos dejar en una de las numerosas fábricas del cinturón industrial de la ciudad el encargo que se nos había confiado. Todavía no ha amanecido y nadie se percata de nuestra presencia a estas horas tan intempestivas. De pronto, aparece entre las sombras un trabajador, veterano y barrigón, que se ofrece a recoger la pesada carga a regañadientes. Solo aparentemente porque bajo su disfraz de obrero resabiado no puede ocultar el plumero de su alma bonachona y generosa ni su pinta de Santa Claus. Nosotros no podemos entenderlo –pues ya se sabe que el viejo gruñón es extranjero y no sabe una palabra de español–, por eso el buen hombre se desespera ante nuestra incomprensión. Solo creo entender una palabra que repite continuamente cuando se dirige a uno de nosotros solicitando nuestra colaboración: “Spanier, spanier…” Al fin concluye con destreza su faena y pudimos dar la misión por cumplida.

A continuación, lo vemos alejarse sobre la nieve montado en su trineo con forma de montacargas mientras nos despide levantando amistosamente la mano con un guiño de complicidad, una sonrisa ilumina su rostro: Es el regalo de este particular Santa Claus en el nevado amanecer de un día de diciembre en Alemania. Porque el viejo St. Nikolaus, como le llaman por aquí, bien sabe que algunos, más que juguetes, lo que necesitan es un poco de ayuda para recuperar la confianza en el ser humano.

Lo que hemos traído no importa, lo importante es lo que nos llevamos. De vuelta, el sol brilla en el cielo.

Feliz Navidad.

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Una postal navideña

Una postal navideña (Presentación de diapositivas).

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