Un castillo, un puente, un monasterio

Pórtico: El romano de Talavera la Vieja en su nueva ubicación en las proximidades de Bohonal de Ibor (Cáceres) junto al embalse de Valdecañas en el río Tajo a su paso por la comarca cacereña de Campo Arañuelo al norte de Los Ibores.

Castillo: El de Oropesa con su torre del homenaje y plazoleta porticada. La localidad de Oropesa cerca de Talavera de la Reina en la autovía que une Madrid con Extremadura. La Villa medieval alberga numerosos monumentos como conventos, iglesias y palacios perfectamente señalizados a lo largo de una preestablecida ruta urbana: La Iglesia parroquial, la capilla de san Bernardo, el convento de la Misericordia, además del castillo. En la plaza de la torre del reloj abundan mesones y tabernas para solaz y refrigerio de los vecinos y visitantes.

Puente: El majestuoso y monumental del Arzobispo que da nombre y nos sirve de acceso al pueblo toledano de El Puente del Arzobispo sobre el río Tajo. Fue mandado construir por un arzobispo de Toledo para que los peregrinos pudieran llegar hasta el monasterio de Guadalupe y postrarse ante la Virgen Morenita.

 

Monasterio: El de Guadalupe, cuya fachada con trazas de santuario y fortaleza desde la plaza mayor. En su arquitectura se amalgaman los elementos mudéjares, góticos, renacentistas y barrocos. Es centro de peregrinaciones y foco de espiritualidad de los extremeños y toda la cristiandad.

 

Pueblo: Tras adentrarnos de nuevo en Extremadura llegamos a La Puebla de Guadalupe enclavada en la comarca cacereña de Las Villuercas, con el Monasterio sobresaliendo entre el caserío.

 

Calle: Después de visitar el monasterio y a la patrona de Extremadura. Nos dedicamos a pasear por el pueblo y recorrer sus rincones como esta típica calle de Guadalupe con la airosa fuente con una cruz de hierro coronando el pilón de piedra.

 

Claustro: El del Monasterio con arcos árabes y templete central conocido como pabellón de la fuente con elementos góticos y mudéjares. Además de la iglesia merece una visita el museo y la sacristía que alberga admirables cuadros de Zurbarán sobre personajes y temática relacionados con el monasterio.

  • Hacer clic en una miniatura para activar el carrusel de diapositivas.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Click to play this Smilebox slideshow

Un Castillo, un Puente, un Monasterio… Slideshow: La’s trip to 3 cities including and Bohonal de Ibor (near Navalmoral de la Mata) was created with TripAdvisor TripWow!

Ser en la vida romero

La Cruz de CaravacaSanto Toribio de LiébanaEl agua en Las HurdesCinco hojas de higuera • Un castillo, un puente, un monasterioAquí viene el mayoRenaciente maravilla • Cuatro lugares de La ManchaPor tierras de ToledoUna postal navideñaLas fuentes del GuadianaCaminando por La VeraPatios cordobesesMadrid, Madrid, Madrid…

INICIO SUBIR

Cuatro lugares de La Mancha

 

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Ser en la vida romero

La Cruz de CaravacaSanto Toribio de LiébanaEl agua en Las HurdesCinco hojas de higuera • Un castillo, un puente, un monasterioAquí viene el mayoRenaciente maravilla • Cuatro lugares de La ManchaPor tierras de ToledoUna postal navideñaLas fuentes del GuadianaCaminando por La VeraPatios cordobesesMadrid, Madrid, Madrid…

INICIOSUBIR

Por tierras de Toledo

De Talavera de la Reina a Toledo pasando por: La Puebla de Montalbán, Burujón, San Martín de Montalbán, Navahermosa, Cuerva, Sonseca, Orgaz, Consuegra, Madridejos, Turleque, Tembleque y Mora.

A destacar:

  • La Puebla de Montalbán: El Museo de la Celestina.
  • Burujón: Paisaje natural de Las Barrancas.
  • San Martín de Montalbán: Iglesia visigoda de Santa María de Melque.
  • Cuerva: Iglesia Parroquial del apóstol Santiago.
  • Sonseca: Feria del Mueble.
  • Orgaz: Casco urbano con la iglesia y el castillo del conde.
  • Consuegra: Molinos de Viento.
  • Madrigalejos: Plaza de toros vieja.
  • Turleque: El rollo o picota y la ermita del Cristo del Valle.
  • Tembleque: Plaza Mayor.
  • Mora: Monumento al aceitunero.

DE MONTALBÁN A TURLEQUE

El viajero ha llegado al atardecer. Le suena el nombre del pueblo, pero no recuerda el porqué.  Quizá porque tuvo un compañero de instituto de este pueblo… Pero enseguida sale de dudas al ver por doquier rótulos con un nombre: Fernando de Rojas. Que relaciona con el de La Celestina. En efecto, se trata de La Puebla de Montalbán, tierra natal del autor de la tragedia que tiene como protagonistas a Calixto y Melibea. En una plazoleta observa la estatua del bachiller sobre la tumba que, según rezan las letras de molde, cobija sus cenizas. En el Museo de La Celestina pasa revista a restos históricos del pueblo como un verraco vetón, utensilios y aperos etnográficos y otros objetos y documentos y relacionados con la obra teatral. También es interesante su plaza, lástima que su serena estética se vea empañada por los coches que atiborran el recinto.

En el cercano pueblo de Burujón, sigue una senda ecológica hasta el paraje natural conocido como “Las Barrancas”, una cárcava arcillosa que forma un cortado excavado por los meandros del río Tajo ahora remansado por una presa. Merece la pena la caminata. En su pelado entorno, algunos enebros contrastan su oscuro verdor con el rojizo semblante del paisaje.

Camino de San Martín de Montalbán es obligatoria la visita a la iglesia visigoda tomando una desviación a la izquierda y al castillo de Montalbán a la derecha. Estos muros “de la carrera de la edad cansados” se alzan sobre una inaccesible garganta por donde desfila el río Torcón. Desafiando al tiempo y al espacio,  reflejan lo que otrora debió ser una imponente fortaleza que defendía la frontera con Al Ándalus establecida en el Tajo; los Templarios le darían su configuración actual en su época de mayor esplendor.

Aguas arriba se topa con un enterramiento neolítico siguiendo la senda natural “Fresnos del Torcón” y más al sur con los restos de pequeño y airoso puente de origen romano “La Canasta” para salvar este riachuelo que discurre encajonado entre abruptos canchales. Todo un  repaso a la historia del arte: Neolítico, romano, medieval… Tampoco puede faltar a la cita con el periodo visigodo y se dirige a la interesante iglesia de Santa María de Melque. El pueblo es un reducto de quietud y sosiego que contagia al pasear por sus calles empedradas, sin que nada ni nadie  enturbie la placidez del momento. La noche envuelve el lugar. Es la hora del recogimiento. Mañana será otro día.

En las cercanías de Navahermosa arriba al ruinoso castillo de Dos Hermanas (uno de los más antiguos de la provincia), apenas un despojo sobre uno de los dos riscos entre los que discurre el arroyo Merlín. Cuanta la leyenda que entre sus piedras se encuentran encantadas dos hermosas moras que en la mágica madrugada de san Juan bajan a lavarse en el arroyo. Pero sin otro distintivo digno de consideración, abandona el campante poblachón en busca de otros lugares de más singularidad y encanto.

A Cuerva llega a la hora de comer y se detiene para restaurar las fuerzas en uno de sus afamados mesones. En su monumental iglesia dedicada al apóstol Santiago tienen su panteón los Laso de la Vega, un blasón en uno de sus muros le relata el parentesco de estos con los Figueroa de Feria. Pero como está cerrada a cal y canto no puede contemplar los tesoros que aloja en su interior. Un perro vagabundo sigue al caminante y lo adopta como dueño ofreciéndose a servirle de guía en su recorrido por el pueblo.

Rumbo a Sonseca se topa con la romería de San José en Mazarambroz. Una multitud bulliciosa se divierte al socaire de la música, las encinas y el buen tiempo.

En Sonseca hace parada y fonda, después de visitar el pabellón en que por estas fechas celebra la Feria del Mueble. Sonseca es una pujante y próspera localidad gracias a sus talleres de muebles y tejidos, así como a sus mazapanes. La modernidad sin embargo, ha ahogado el encanto que pudiera tener en otros tiempos. Su monumento más destacado es la iglesia donde permanece una inquietante cruz de los caídos con el escudo de la dictadura escoltado por las insignias falangista y requetés: “Sonseca a sus caídos. Presentes”,  reza la inscripción. Da grima detectar por estos pagos toledanos la añoranza de otros tiempos caracterizados por la falta de libertad ahora que otros pueblos intentan sacudirse la opresión a que se ven sometidos por sus dirigentes. Se nota la mano derecha de Bono y su nacional-socialismo así como la sombra de aquel cardenal primado que aparecía en las bulas de la santa cruzada  su infancia, la cual tenía que pagar religiosamente para ser indultado de la ley de ayuno y abstinencia.

El transeúnte pone pies en polvorosa y se dirige a la vecina población de Orgaz cuyo nombre de noble resonancia promete sensaciones más auténticas y profundas. En el conjunto típicamente manchego de su caserío y calles sobresalen su robusto castillo y su majestuosa iglesia. El castillo del conde de Orgaz permanece cerrado, no así la Iglesia parroquial de santo Tomás Apóstol que puede visitar con detenimiento y admirar sus valores artísticos. Amante de sus tradiciones y herencia cultural, conserva el recuerdo de artesanos como el espartero o el herrero. En una plazoleta podemos contemplar, mientras recorremos su calles empedradas, una estatua conmemorativa del calero, un oficio característico del lugar.

Aprovechando el buen tiempo el caminante emprende en la vecina aldea de Arisgotas la ruta al yacimiento visigodo de los Hitos para disfrutar de la naturaleza y los restos del pasado.

Y a la vista Consuegra y sus molinos alineados en la crestería del cerro Calderico. Con sus aspas orientadas a todos los vientos. Su plaza, su castillo y sus tabernas. Este pueblo alardea, y con razón, de un pasado preñado de historia (la Cosaburum romana) como muestran los restos celtibéricos, romanos y medievales expuestos a la vista del visitante en el museo al que se accede desde su Plaza Mayor. Historia de la que todo buen consaburense se siente orgulloso. En la batalla de Consuegra, moriría el único hijo varón del Cid Campeador, según le relatan. El pueblo es admirado por la llamada crestería manchega, un cerro donde se asienta el castillo escoltado por una docena de molinos de viento con nombres de referencias quijotescas: Rucio, Caballero del Verde Gabán, Mambrino, Sancho, Clavileño… El cerro es conocido con el nombre de Calderico desde donde se divisan buenas panorámicas de la llanura manchega y a cuyo amparo se aposenta el pueblo. El lugar y sus lugareños bien merece que me detenga para visitar sus tabernas y admirar sus maravillas:

Entre las que destaca su paisaje, iglesias, castillo…

Y especialmente, sus molinos de vientos.

Madridejos es el núcleo de población más grande de la zona… Desde la carretera se obtienen unas buenas perspectivas del castillo y los molinos del pueblo vecino. Aquí, a falta de otra cosa digna de consideración, presumen de un singular coso taurino, la plaza de toros vieja que no puede ver porque está en proceso de rehabilitación completamente cercada para impedir el paso a los eventuales curiosos. Situada en la otra punta del pueblo, al viajero, que ya va acusando el cansancio, lo dejan con un palmo de narices después de recorrer de un extremo a otro este poblachón manchego estirado junto a la principal vía que comunica la capital de España con Andalucía. Así que toma el portante, pero en lugar de seguir esta transitada carretera, toma otra local de trazado rectilíneo.

Y si Consuegra tiene molinos de viento, Turleque también, y más modernos: Los del parque eólico de la Sierra de Villacañas cuya silueta se recorta en la lejanía.

Turleque recibe al viajero con este mensaje:

Llegado has a Turleque, 
detente viajero amigo,
que de La Mancha, Turleque,
y de Turleque, su vino.                                   

 

Además de sus caldos, el pueblo está orgulloso del Cristo del Valle y su ermita (con permiso de los de Tembleque en cuyo término se encuentra). Y de su rollo, una picota “asentada sobre unas gradas donde los reos eran expuestos a vergüenza pública, sirviendo así de escarmiento al resto de los vecinos”. Los turlequeños celebran con devoción la romería del Cristo del valle el segundo domingo de mayo.

Turleque tiene un personaje ilustre cuya memoria ensalza una placa en una céntrica casa: “Aquí vivió y murió el insigne prócer Don Mariano Moraleda, etc…” Sí que deber ser importante por estos pagos porque la calle también lleva su nombre. También hay una calle de la tía Rosa, quizá no tan ilustre.

Aunque todo el pueblo parece de mentirijillas. Como el parque a la vera de un río que no existe porque está más seco que el ojo de Inés, con su puente y todo por el que nadie pasa. En el parque hay un molino de pega que no muele, un libro del Quijote sin letras ni hojas, un pozo que no es tal, una fuente sin agua y unos cántaros que no pueden recogerla porque están llenos de tierra. Parece ser que todo el pueblo es de de pega. Por eso al ver pasar un rebaño de ovejas, le pregunta al pastor que si es de verdad o de mentira. El pastor lo mira con extrañeza y se aleja como si hubiera visto al mismísimo diablo.

La noticia se propaga: Una vieja curiosa se asoma con precaución a la puerta y al ver acercarse al loco de la mochila, cierra asustada la puerta…

Todo parece una farsa. Hasta el autobús que se acerca y al advertir la presencia del viajero se para a su altura. El conductor le invita a subir, pero no le hace caso porque no está esperando ningún autobús ni quiere ir a ninguna parte. Entonces se percata que está justo en la marquesina de la parada del pueblo. Una parada de ficción seguramente. Como lo es el coche que pasa. Entonces le entran deseos de comprobarlo, pero se aparta por si acaso. Y es que está loco, pero no tanto.

  De pronto observa una humareda que sale de una casa, no por la chimenea como sería de esperar, sino por el tejado como si hubiera un incendio en su interior. Al observarlo, se aleja de allí no sea que vayan a acusarlo de haber provocado el fuego y lo cuelguen en la picota. Y toma la senda de la ermita del Cristo del Valle.

     Aunque en verdad, la propiedad de la ermita que dista una legua escasa de Turleque, se la arrogan los de Tembleque (que dista cerca de veinte quilómetros) ya que está situada en su término municipal. Lo que ocasiona añejas rencillas, que pueden reavivarse cuando concurren los vecinos de ambas poblaciones durante la romería.

Una carretera recta sobre un paisaje plano como la palma de la mano conduce al viajero hasta el pueblo vecino.

Lo más interesante de Tembleque sin la menor duda es su plaza, nacida según cuentan con fines taurinos y para otros espectáculos festivos: La amplia estancia de forma cuadrada, ha sido ensalzada por todos los que por aquí han pasado. Sobran las palabras. Yo me limito a contemplarla desde sus cuatro esquinas. Y admirarla. Además de la iglesia parroquial, tiene un una esotérica ermita de la Vera Cruz con planta ochavada en el casco urbano, hoy habilitada para biblioteca, y cuyo misterio no puede tan siquiera sospechar porque se encuentra cerrada e inaccesible al viajero.

Y Mora. Aceitunada y mora. El edificio más representativo de Mora es el Ayuntamiento, levantado en el siglo pasado remedando las construcciones musulmanas con arcos de herradura y torreón cilíndrico coronado con cúpula bulbosa, como un guiño y metáfora del nombre de la población. También atrae la atención del visitante el monumento al aceitunero: Está formado por tres figuras que representan a tres generaciones de la misma familia  (hombre, mujer y niña) realizando la faena de la recogida de la aceituna. Desde las ruinas del castillo de Peñas Negras (en restauración) se divisa en la llanada la ciudad olivarera rodeada de extensos campos poblados por el árbol nutricio y emblemático de la zona. Atardece, el sol declina en el horizonte castellano. Una hermosa puesta de sol en la templada tarde primaveral sirve de brillante colofón a este periplo por tierras toledanas. Cae el telón sobre el escenario. Fin del viaje.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

La Cruz de CaravacaSanto Toribio de LiébanaEl agua en Las HurdesCinco hojas de higuera • Un castillo, un puente, un monasterioAquí viene el mayoRenaciente maravilla • Cuatro lugares de La ManchaPor tierras de ToledoUna postal navideñaLas fuentes del GuadianaCaminando por La VeraPatios cordobesesMadrid, Madrid, Madrid…

INICIOSUBIR

Las fuentes del Guadiana

«…Y con Guadiana, vuestro escudero, y con la dueña Ruidera y sus siete hijas y dos sobrinas, y con otros muchos de vuestros conocidos y amigos, nos tiene aquí encantados el sabio Merlín ha muchos años; y aunque pasan de quinientos, no se ha muerto ninguno de nosotros. Solamente faltan Ruidera y sus hijas y sobrinas, las cuales llorando, por compasión que debió de tener Merlín dellas, las convirtió en otras tantas lagunas, que ahora en el mundo de los vivos y en la provincia de la Mancha las llaman las lagunas de Ruidera. Guadiana, vuestro escudero, plañendo asimesmo vuestra desgracia, fue convertido en un río llamado de su mesmo nombre, el cual cuando llegó a la superficie de la tierra y vio el sol del otro cielo, fue tanto el pesar que sintió de ver que os dejaba, que se sumergió en las entrañas de la tierra; pero, como no es posible dejar de acudir a su natural corriente, de cuando en cuando sale y se muestra donde el sol y las gentes le vean. Vanle administrando de sus aguas las referidas lagunas, con las cuales y con otras muchas que se llegan entra pomposo y grande en Portugal».

HERRERA DEL DUQUE

Con esta sugerente leyenda, relatada a don Quijote en la cueva de Montesinos (Cap. XXIII, 2ª p.) idealiza el narrador de esta fantástica aventura el origen del río y las lagunas. De forma más prosaica recitaba en la escuela mientras iba señalando con la palmeta el trazo azul del río sobre el mapa, que “El Guadiana nace en las lagunas de Ruidera, después desaparece bajo tierra para emerger en los Ojos del Guadiana, pasa por la provincia de Ciudad Real y por las ciudades de Mérida y Badajoz en Extremadura, se adentra en Portugal y desemboca en el Océano Atlántico por Ayamonte formando frontera entre España y Portugal”. Hoy quiero comprobarlo sobre el terreno y parto rumbo a las fuentes del Guadiana por la carretera que desde Mérida me lleva hasta Herrera del Duque para adentrarme a continuación en Castilla La Mancha.

En el trayecto hasta ahora de sobra conocido, llama mi atención un castillo que se alza sobre un montículo al borde de la carretera. Es mi primera parada. Asciendo con tranquilidad para contemplar desde cerca la fortaleza. En esto, oigo que desde abajo alguien se dirige hacia mí con aspavientos vociferando como un condenado que bajase inmediatamente. Y llevándose las manos a la cabeza trataba de disuadirme de la osadía que había cometido al acercarme por aquel cerro. Que si no sabía que aquello era de un malvado Duque que no permitía que nadie invadiera sus dominios, que de buena me había librado y que menos mal que no me habían visto alguno de sus hijos, todavía más crueles y sanguinarios.

Yo ya empezaba a creerme lo del encantamiento, pero como no tengo la gallardía de don Quijote para enfrentarme al alevoso inquilino del castillo, me bato en retirada no sea que se despierte el ogro con sed de sangre humana y la sacie con la de algún incauto caminante. Así que emprendo la marcha hacia la llamada Siberia Extremeña para hacer parada y fonda en Herrera del Duque:

Vivan los aires moreno
que vienen de Guadalupe
que pasan por Castilblanco
y van a Herrera del Duque.

Otra vez un castillo y… un duque.  El muñón de una colosal torre desmochada se yergue sobre la llanada donde se desparrama el pueblo. Pero la cabra tira al monte mientras se pregunta si aquella tierra será propiedad del mismo duque malvado. Pero mientras escala el cerro, nadie le sale al paso para impedirle que se acerque al pie del castillo. Solamente unos guardias se paran ante lo que deben considerar un pobre vagabundo, y después de mirarlo con asco como si fuera una mierda, siguen su rumbo sin molestarlo.

La fortaleza firmemente asentada sobre un risco peñascoso, que en sus buenos tiempos debió tener un aspecto imponente, ahora ya abandonada y desmantelada aparece como un símbolo del deterioro de la vida humana y sus obras por el paso inexorable del tiempo.

CARRIÓN DE CALATRAVA

Dicen que en la vida es más importante el viaje que el destino. Por eso el viajero se va deteniendo en aquellos sitios y parajes que le van saliendo al paso sin preocuparse de su meta. Parajes solitarios, extensos latifundios donde no descubre el menor rastro de vida humana hasta Puebla de Don Rodrigo. Donde se vuelve a encontrar con el rio Guadiana que ya no le abandonará hasta su nacimiento allá en Ruidera. En las cercanías de este pueblo forma un acentuado meandro que se pueden observar desde las alturas de los Peñones del Chorro.

Estratégicamente situada sobre un altozano  junto al rio, las ruinas de Calatrava la Vieja, son un testigo de la historia y del paso del tiempo. Es obligado hacer un alto en el camino junto a estas venerables piedras, que a duras penas se mantienen en pie, y que debieron ser testigo de tantos acontecimientos históricos. Me detengo contemplando la arruinada aldea al refugio de esta desmantelada fortaleza que fue el origen de la Orden de Calatrava según le cuentan.

DAIMIEL

En Daimiel me dispongo a descansar y reponer fuerzas para, en la jornada siguiente, visitar con detenimiento las famosas Tablas. Amplia llanura manchega donde el Guadiana poco después de su afloramiento con los aportes de otros afluentes se desborda y encharca en lagunas de escasa profundidad de gran riqueza faunística y botánica. Emprendo el recorrido por el parque por los itinerarios señalados contemplando este singular ecosistema, milagrosamente conservado pese a la extenuación y sobreexplotación a que se ha visto sometido.

VILLARRUBIA DE LOS OJOS

Algunos kilómetros arriba, deben estar los ojos del Guadiana, allí donde los libros de Geografía relatan que el río reaparece después de desaparecer sumergido bajo tierra. Hacia allí me dirijo cuando me encuentro en la carretera con una señal que me indica que estoy en los ojos del Guadiana. Pero por estos parajes no veo ni rastro del río. Solo extensas tierra de cultivo…, por fin en una ligera depresión invadida de cardos puedo distinguir dos agujeros ocultos entre secos hierbajos (efectivamente recuerdan dos ojos), pero ni rastro de agua. Los ojos del Guadiana se han olvidado de llorar… La ambición y la necedad del ser humano han convertido lo que antaño debió de ser un hermoso manantial en un secarral que da pena.

ARGAMASILLA DE ALBA

De camino hacia las Lagunas, me sale al encuentro, en la interminable estepa castellana un poblachón apostado a ambos lados de la carretera. Se trata de Argamasilla de Alba, el “lugar de La Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme” al decir de las guías turísticas basándose, supongo, en la opinión de algún estudioso del Quijote. Ya que aquí estuvo encarcelado Cervantes y aquí concibió el Quijote inspirándose para su protagonista en un caballero loco del lugar. Tras visitar la oficina de turismo en la llamada Casa de Medrano, en cuyo sótano estuvo encarcelado Cervantes, de creer a los promotores turísticos del lugar. Después de todo esta cárcel, rebuscada con interesada oportunidad entre los escombros de su pasado, es el principal reclamo turístico del pueblo, que apenas conserva ningún rasgo característico de su arquitectura tradicional a no ser este cubículo.

Camino de Ruidera nos topamos con el Castillo de Peñarroya junto al borde del precipicio, junto a la presa y pantano del mismo nombre. Nos permiten la visita al exterior del monumento así como a la ermita adosada al interior de la muralla. La torre del homenaje está cerrada a cal y canto y no nos permiten visitarla. Aquí las aguas del Guadiana son represadas por vez primera como un anticipo de los grandes embalse que en el curso bajo dilataran su cauce “pomposo y grande” en pequeños mares artificiales antes de entregar sus aguas al Océano en el golfo de Cádiz.

RUIDERA

A partir de Peñaroya el terreno se ondula, rompiendo la monotonía de la inmensa planicie manchega: Nos acercamos a la pequeña localidad de Ruidera, así llamada por el ruido o rumor del agua en los cauces y cascadas con las que se comunican sus famosas lagunas. Tras un recodo, aparece el pueblo asomándose en el espejo de esta prodigiosa exhibición de la naturaleza. La estampa es sorprendente y el otoño en todo su esplendor refleja su exuberante frondosidad en la quietud del agua con toda la profusión de colores: verdes, ocres, amarillos y azules en una amalgama de vegetación, agua, cielo y tierra…

tiempo es esplendido, y los veraneantes han debido abandonar el lugar, ahora en calma. Así que me dispongo a gozar con todos los sentidos de este esplendido y relajante paisaje.

Pero con el fin de semana y al socaire del buen tiempo, una avalancha hortera de domingueros de todo pelaje (ruidosos moteros, y automóviles de paso, familias de tortilla, hamaca y transistor…) irrumpe en el parque rompiendo el encanto y la tranquilidad reinante. Así que no queda más remedio que quitarse del medio hasta que se serene de nuevo el panorama y emprendo la marcha a pie en busca de la olvidada Laguna Blanca alejada de la marabunta: Allí donde se dice que el rio Pinilla se convierte en Guadiana. Siguiendo un sendero de diez kilómetros se llega a un paraje menos espectacular con una laguna solitaria donde descargan arroyos como el Pinilla cuya insignificante corriente remonto hasta llegar a un discreto manantial oculto entre un juncal y rodeado por un bosque de sabinas. A partir de aquí, un regato sin agua, de cauce calizo y blanco como el fondo de la laguna (de ahí su nombre de Laguna Banca que recibe, la charca donde se considera que tiene su origen el Guadiana).

La tarde languidece y, tras asistir al nacimiento del Río Guadiana desando la distancia que separa esta laguna de sus hermanas más famosas junto al pueblo de Ruidera. La noche se ha echado encima, pero una luna llena sirve de guía iluminando el camino que me devuelve al punto de partida: las lagunas del Rey… ya en silencio. Con el nuevo día recuperado el sosiego, completo mi visita deteniéndome en los sitios más atractivos y espectaculares. Aunque todo el parque es un espectáculo de sosiego, armonía, belleza, que me seduce y encanta. Como encantado quedó don Quijote tras su visita a la cueva de Montesino. Cuerva que, aunque se encuentra en las cercanías, no pude visitar por encontrarse cerradas cuando pasé por allí. Otra vez será.

ALMAGRO

Ya de vuelta, paso por el señorial pueblo de Villanueva de los Infantes, el lugar que asistió al fallecimiento de Quevedo. Tras un breve paseo por sus calles contemplando su historia petrificada en los blasones nobiliarios de sus casonas, me detengo en el admirable conjunto arquitectónico que enmarca su plaza Mayor.

Ya en Almagro, sus calle me conducen a su seductora y coquetona plaza. Con sus soportales y el reclamo de su artesanía de encajes y de sus tabernas, donde me entretengo para calmar la sed y el apetito a la espera de que abran por la tarde el museo del teatro y su afamado y singular corral de comedia. Visita que no puede suponer mejor colofón para este viaje pausado y sin prisas que ha llegado a su fin, aunque me quedo con el deseo de volver a estas tierra que ya están para siempre en mi retina y en mi corazón.

FERIA – RUIDERA

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Ser en la vida romero

La Cruz de CaravacaSanto Toribio de LiébanaEl agua en Las HurdesCinco hojas de higuera • Un castillo, un puente, un monasterioAquí viene el mayoRenaciente maravilla • Cuatro lugares de La ManchaPor tierras de ToledoUna postal navideñaLas fuentes del GuadianaCaminando por La VeraPatios cordobesesMadrid, Madrid, Madrid…

INICIOSUBIR