Madrid, Madrid, Madrid…

Madrid, Madrid, Madrid...

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El forastero indignado llegó a la gran urbe y lo engulló la multitud hasta disolverse en ella, una masa informe y deshumanizada detrás del señuelo de los cabestros. Dejó de ser él para confundirme con la manada. Fue a donde iba el rebaño guiado por el pastor Consumo. Bebió y comió en los abrevaderos y pesebres donde se saciaba la manada al reclamo de la atoxigante propaganda. Agobiado, intentó protestar y salirse de madre; pero en vano: unos perros azules y armados hasta los dientes se lo impidieron empujándolo brutalmente hasta el rebaño. No tuvo más opción que visitar los sitios que visitaba la piara, a las órdenes del Gran Pastor ayudado por una jauría de perros policías que metían en vereda al que se apartara del redil. Estas son las fotos que captó, las imágenes de los lugares que fotografiaba la manada:

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Ser en la vida romero

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